dissabte, 2 de maig del 2026

Indicadores del bien común: la batalla por medir el poder VS Diseñar buenos incentivos dentro de restricciones reales

  Necesitamos indicadores de valor centrados en el bien común,con principios operativos organizados en torno a la justicia, la igualdad, la sostenibilidad y la solidaridad global

Más allá del PIB: cómo medir el bienestar en un mundo sin reglas comunes

Idea central

“Indicadores de valor centrados en el bien común” significa dejar de medir el éxito económico solo por PIB, déficit, deuda, inversión privada o productividad agregada, y empezar a medir si una economía aumenta la capacidad colectiva de vivir bien dentro de límites sociales, ecológicos y geopolíticos sostenibles.

Mazzucato y el nuevo Consejo para una Economía del Bien Común lo formulan alrededor de cuatro principios: justicia, igualdad, sostenibilidad y solidaridad global. El Consejo fue lanzado en abril de 2026 junto al gobierno español, con Mariana Mazzucato y Carlos Cuerpo como figuras centrales.

Los expertos sistémicos no verían los indicadores como “termómetros”, sino como palancas que cambian el comportamiento del sistema. También distinguiré entre lo que funciona dentro de un Estado y lo que puede coordinarse sin autoridad global vinculante.

Una primera conclusión sistémica: sin autoridad global, el problema no es “diseñar el indicador perfecto”, sino diseñar un ecosistema de indicadores que genere aprendizaje, presión reputacional y coordinación sin convertirse en imposición tecnocrática.


Propuesta de expertos 

Mariana Mazzucato

Propone pasar de un Estado “corrector de fallos de mercado” a un Estado creador de mercados, capaz de orientar inversión pública y privada hacia misiones: energía limpia, salud, agua, vivienda, resiliencia industrial.

Su idea de valor público no pregunta solo:

“¿Cuánto crece la economía?”

Sino:

“¿Quién crea valor, quién lo captura y con qué finalidad colectiva?”


Kate Raworth — Economía del Dónut

Raworth propone medir el progreso dentro de dos límites:

  • una base social mínima: salud, educación, vivienda, energía, agua, igualdad, participación;
  • un techo ecológico: clima, biodiversidad, uso de materiales, contaminación, límites planetarios.

La Doughnut Economics Action Lab define el objetivo como satisfacer las necesidades de todas las personas dentro de los medios del planeta.

Este enfoque es muy compatible con “bien común”: no basta con crecer; hay que crecer, decrecer o redirigir según el impacto social y ecológico.


Amartya Sen y Martha Nussbaum — Enfoque de capacidades

Su pregunta central no es “cuánto ingreso tiene una persona”, sino:

“¿Qué puede realmente hacer y ser?”

Indicadores derivados:

  • esperanza de vida;
  • educación real;
  • libertad política;
  • seguridad;
  • autonomía;
  • participación social;
  • igualdad de género;
  • acceso a bienes esenciales.

Este enfoque influyó en el Índice de Desarrollo Humano del PNUD.


PNUD — IDH ajustado por presiones planetarias

El PNUD ya no mide solo desarrollo humano clásico. Su Planetary pressures–adjusted HDI ajusta el IDH según emisiones de CO₂ y huella material por persona. Es decir: un país puede tener alto desarrollo humano, pero si lo consigue destruyendo la base ecológica global, su puntuación debe caer.


OCDE — Beyond GDP / Well-being Framework

La OCDE sostiene que el PIB no dice si la vida mejora, para quién mejora ni si el progreso es sostenible. Su marco de bienestar mide condiciones materiales, calidad de vida, desigualdad y recursos sistémicos para el futuro.


Joseph Stiglitz, Jean-Paul Fitoussi y Amartya Sen

Defendieron que medir solo producción económica distorsiona la política pública. Su línea de trabajo alimenta el movimiento Beyond GDP: bienestar, desigualdad, sostenibilidad, seguridad económica y calidad democrática.


Christian Felber — Economía del Bien Común

Felber propone que empresas y países sean evaluados mediante un balance del bien común, no solo por beneficios financieros. Sus criterios incluyen dignidad humana, solidaridad, justicia social, sostenibilidad ecológica y democracia interna.


Qué indicadores harían falta

A. Justicia

Mediría si el sistema distribuye riesgos, beneficios y poder de forma legítima.

Indicadores posibles:

  • acceso efectivo a justicia;
  • protección laboral;
  • fiscalidad progresiva;
  • evasión y elusión fiscal;
  • corrupción;
  • poder de negociación sindical;
  • concentración de mercado;
  • captura regulatoria;
  • reparto de beneficios entre salarios, inversión y dividendos.

Indicador RMS clave

Ratio de valor compartido público-privado:cuánto valor creado con apoyo público retorna a la sociedad mediante precios justos, empleo, impuestos, innovación abierta o reinversión.


B. Igualdad

No basta con medir pobreza. Hay que medir estructura de oportunidades.

Indicadores:

  • Gini de renta y riqueza;
  • movilidad social;
  • brecha salarial de género;
  • acceso a vivienda;
  • acceso a educación temprana;
  • calidad sanitaria por territorio;
  • desigualdad digital;
  • concentración patrimonial;
  • deuda de hogares.

Indicador sistémico clave

Índice de reproducción de desigualdad:cuánto condiciona el origen familiar el destino educativo, laboral y patrimonial.


C. Sostenibilidad

Debe medir si la economía opera dentro de límites biofísicos.

Indicadores:

  • emisiones absolutas;
  • emisiones per cápita;
  • huella material;
  • dependencia energética externa;
  • agua disponible;
  • degradación de suelos;
  • biodiversidad;
  • circularidad industrial;
  • resiliencia climática;
  • inversión en adaptación.

El marco del Dónut ya usa esta lógica: bienestar social dentro de límites planetarios. Un artículo de Nature de 2025 actualizó este marco con 35 indicadores para medir privación social y sobrepasamiento ecológico entre 2000 y 2022.


D. Solidaridad global

Aquí está la parte más geopolítica. Una economía del bien común no puede limitarse al bienestar nacional si externaliza costes al Sur Global.

Indicadores:

  • huella de carbono importada;
  • huella material importada;
  • condiciones laborales en cadenas de suministro;
  • transferencia tecnológica;
  • financiación climática;
  • alivio o reestructuración de deuda;
  • acceso global a medicamentos;
  • inversión en bienes públicos globales;
  • dependencia extractiva de países pobres.

Indicador geoeconómico clave

Índice de externalización imperial:cuánto bienestar interno depende de costes ecológicos, laborales o financieros trasladados a terceros países.


 Estrategia: cómo convertirlo en política real

1. Presupuestos públicos orientados a misión

No presupuestar por ministerios aislados, sino por misiones:

  • transición energética;
  • vivienda asequible;
  • seguridad hídrica;
  • salud preventiva;
  • autonomía tecnológica;
  • cuidados;
  • soberanía alimentaria.

Cada misión tendría indicadores sociales, ecológicos, fiscales e industriales.


 Condicionalidad pública

Toda ayuda pública a empresas debería exigir retornos:

  • límites a recompras de acciones;
  • reinversión productiva;
  • empleo digno;
  • reducción de emisiones;
  • transferencia tecnológica;
  • precios accesibles;
  • participación pública en beneficios extraordinarios.

Esto conecta directamente con Mazzucato: si el Estado asume riesgo, también debe participar en la recompensa.


 Nuevo cuadro de mando nacional

Un país debería tener tres tableros:

Tablero económico clásico

PIB, inflación, deuda, empleo, productividad.

Tablero de bien común

salud, vivienda, igualdad, cohesión, educación, cuidados, seguridad.

Tablero biofísico-geopolítico

energía, agua, materiales críticos, emisiones, dependencia externa, resiliencia industrial.

La clave es que los tres sean vinculantes. Si el PIB sube pero la vivienda, el agua o la cohesión social empeoran, no debería considerarse éxito.


Reforma financiera

El crédito debería distinguir entre:

  • inversión productiva-transformadora;
  • especulación inmobiliaria;
  • extracción de rentas;
  • transición ecológica real;
  • dependencia externa.

Un banco central o banco público de inversión podría favorecer financiación hacia misiones estratégicas.


Análisis geopolítico

Este debate no es solo moral. Es poder.

Los países que midan y construyan bien común pueden ganar:

  • mayor resiliencia energética;
  • menor dependencia de shocks externos;
  • mayor legitimidad interna;
  • menor polarización;
  • ventaja industrial verde;
  • autonomía tecnológica;
  • mayor capacidad negociadora internacional.

España aparece en el artículo como ejemplo porque la inversión renovable reduce vulnerabilidad ante crisis energéticas. La idea geopolítica es clara: la sostenibilidad se convierte en seguridad nacional.


Análisis geoeconómico

El viejo modelo geoeconómico medía poder como:

PIB + exportaciones + capital financiero + control monetario.

El nuevo modelo añadiría:

resiliencia energética + control tecnológico + cohesión social + autonomía fiscal + sostenibilidad material.

Un país rico pero con vivienda inaccesible, dependencia energética, deuda privada alta y polarización política puede parecer fuerte en PIB, pero ser sistémicamente frágil.


 Análisis RMS

Recursos

Los recursos estratégicos ya no son solo capital, fábricas o materias primas.

Son también:

  • confianza institucional;
  • capacidad estatal;
  • datos públicos;
  • energía limpia;
  • agua;
  • talento;
  • salud colectiva;
  • cohesión social;
  • legitimidad democrática;
  • soberanía financiera.

Mecanismos

Los mecanismos para activar esos recursos:

  • política industrial;
  • contratación pública;
  • banca pública;
  • regulación;
  • fiscalidad;
  • condicionalidad;
  • indicadores de misión;
  • alianzas público-privadas con retorno social.

Sistemas

El sistema final buscado es una economía donde:

  • el mercado innova;
  • el Estado orienta;
  • la sociedad evalúa;
  • las finanzas sirven;
  • la naturaleza impone límites;
  • el valor se reparte más justamente.

Pensamiento sistémico

Bucle vicioso actual

Austeridad → menor inversión pública → peor salud, educación, vivienda e infraestructuras → menor productividad → menor recaudación → más austeridad.

Bucle de desigualdad

Concentración de riqueza → influencia política → reglas favorables al capital → más concentración → menor movilidad social.

Bucle ecológico

Crecimiento extractivo → degradación ambiental → crisis climáticas → gasto público defensivo → menor inversión transformadora → más vulnerabilidad.

Bucle virtuoso del bien común

Inversión pública estratégica → mejores capacidades sociales e industriales → mayor productividad sostenible → más ingresos públicos → más inversión → mayor resiliencia.

Los indicadores del bien común son necesarios, pero no pueden funcionar como una “constitución económica global” si no existe una arquitectura supranacional con capacidad coercitiva. En ese contexto, deben funcionar como infraestructura de coordinación, no como norma universal obligatoria.

Es decir: sin un nuevo Bretton Woods, sin gobierno económico mundial y con países de arquitecturas muy distintas, los indicadores del bien común solo serán eficaces si operan como sistemas de aprendizaje, comparación, presión reputacional, condicionalidad financiera y coordinación policéntrica.

El bien común no se construye solo midiendo mejor, sino alineando incentivos: mínimos globales, adaptación nacional, gobernanza policéntrica, auditoría independiente, deliberación democrática y conexión real con presupuestos, finanzas, regulación y política industrial.


 Donella Meadows: los indicadores no son neutrales

Donella Meadows, una de las grandes referentes del pensamiento sistémico, diría que los indicadores son parte del sistema de información que permite a una sociedad entender, decidir y actuar. Para ella, los indicadores no solo describen la realidad: también la moldean. En su trabajo sobre indicadores de sostenibilidad, defendía que los indicadores de desarrollo no debían limitarse al crecimiento, sino incluir eficiencia, suficiencia, equidad y calidad de vida; y que los indicadores de sostenibilidad debían incorporar tiempo y umbrales, no solo datos ambientales sueltos.

La frase clave, atribuida a Meadows, sería:“Medimos lo que valoramos, y acabamos valorando lo que medimos.”

Aplicado al bien común: si un país mide solo PIB, déficit, inversión extranjera y competitividad, tenderá a construir políticas para maximizar esos objetivos. Si mide vivienda asequible, salud preventiva, seguridad energética, desigualdad patrimonial, dependencia tecnológica y resiliencia ecológica, cambiará el comportamiento del sistema.

Pero Meadows también advertiría algo importante: cambiar indicadores es una palanca intermedia, no la más profunda. En su marco de “puntos de palanca”, las reglas del sistema, sus objetivos y sus paradigmas son palancas más profundas que los números.

Conclusión Meadows:Los indicadores del bien común solo funcionan si van unidos a una redefinición del objetivo del sistema económico. No basta con añadir métricas sociales al PIB; hay que cambiar la finalidad del sistema.


 Goodhart y Campbell: cuidado con convertir el bien común en una métrica manipulable

Los expertos sistémicos serían muy escépticos ante un “índice único del bien común”.

La razón es la Ley de Goodhart:Cuando una medida se convierte en objetivo, deja de ser una buena medida.

La formulación se usa ampliamente para explicar cómo los indicadores pueden ser manipulados cuando se vinculan a premios, sanciones o legitimidad política.

Donald Campbell formuló una advertencia parecida: cuanto más se usa un indicador cuantitativo para tomar decisiones sociales, más expuesto queda a presiones de corrupción y más puede distorsionar el proceso social que pretende medir.

Aplicado al bien común:

  • Si se premia a países por “reducción de pobreza”, pueden alterar umbrales estadísticos.
  • Si se premia “empleo creado”, pueden proliferar empleos precarios.
  • Si se premia “energía verde”, puede ocultarse dependencia de minerales críticos extraídos en condiciones injustas.
  • Si se premia “baja deuda pública”, puede castigarse inversión productiva necesaria.
  • Si se premia “baja emisión territorial”, puede externalizarse la contaminación mediante importaciones.

Conclusión sistémica:

Los indicadores del bien común deben ser tableros multidimensionales, no rankings únicos. Y deben incluir auditoría, revisión, deliberación pública y contrapesos cualitativos.


Ostrom: sin gobierno mundial, la solución es policéntrica

Elinor Ostrom sería probablemente la referencia más importante para tu pregunta. Ella criticó la idea de que los problemas globales requieran necesariamente una única autoridad global centralizada. En su trabajo sobre gobernanza policéntrica, argumentó que los problemas de acción colectiva global —como el clima— pueden abordarse mediante múltiples centros de decisión: Estados, regiones, ciudades, comunidades, empresas, redes científicas, bancos públicos, tribunales, acuerdos sectoriales y normas privadas.

Ostrom estudió cómo comunidades gestionan bienes comunes sin depender siempre ni del mercado puro ni del Estado central. Sus principios incluyen límites claros, reglas adaptadas a condiciones locales, mecanismos de monitoreo, sanciones graduadas, resolución de conflictos y reconocimiento del derecho a autoorganizarse.

Aplicado a indicadores del bien común:No habría un único sistema global obligatorio, sino una arquitectura policéntrica de indicadores interoperables.

Eso significa:

  • un núcleo común mínimo global;
  • adaptación nacional;
  • adaptación regional/local;
  • revisión por pares;
  • transparencia pública;
  • aprendizaje entre países;
  • presión reputacional;
  • condicionalidad financiera;
  • estándares sectoriales;
  • acuerdos entre clubes de países.

Sin nuevo Bretton Woods, los indicadores no mandan por jerarquía. Mandan por red, comparación, reputación, financiación, acceso a mercados y legitimidad.


John Sterman: el peligro es la resistencia de políticas

John Sterman, referente en dinámica de sistemas, pondría el foco en la resistencia de políticas: las intervenciones bienintencionadas pueden fracasar porque el sistema responde de forma no lineal, con retrasos, bucles de retroalimentación y efectos secundarios. En sus trabajos, Sterman vincula esa resistencia a la “complejidad dinámica”: el comportamiento contraintuitivo que surge de interacciones entre agentes a lo largo del tiempo.

Aplicado al bien común:Un indicador puede producir el efecto contrario al buscado.

Ejemplos:

  • Medir solo emisiones nacionales → deslocalización industrial sucia.
  • Medir solo igualdad de ingresos → descuidar riqueza patrimonial.
  • Medir solo acceso educativo → inflación de credenciales.
  • Medir solo inversión verde → burbujas especulativas ESG.
  • Medir solo productividad → presión laboral y deterioro social.

Conclusión Sterman:Los indicadores deben construirse con modelos causales, no como listas aisladas. Hay que preguntar: ¿qué bucles activará este indicador?, ¿quién lo manipulará?, ¿qué efectos aparecerán en cinco, diez o veinte años?


Qué dirían sobre países con arquitecturas distintas

Aquí está el punto más delicado: no todos los Estados pueden usar los mismos indicadores de la misma manera.

Democracias liberales desarrolladas

Pueden tener buena capacidad estadística, tribunales, prensa libre y contrapesos. Eso permite indicadores sofisticados de desigualdad, vivienda, clima, salud, innovación o calidad institucional.

Pero tienen problemas propios:

  • ciclos electorales cortos;
  • captura regulatoria;
  • polarización;
  • resistencia de lobbies;
  • fragmentación administrativa.

En estos países, los indicadores del bien común deberían vincularse a presupuestos, contratación pública, bancos de inversión, evaluación parlamentaria y planificación de largo plazo.


Estados desarrollistas o tecnocráticos

Pueden ejecutar misiones con más rapidez: infraestructura, energía, industria, tecnología, salud pública.

Pero tienen otros riesgos:

  • manipulación estadística;
  • falta de deliberación pública;
  • castigo a burócratas por no cumplir objetivos;
  • ocultación de fallos;
  • sobreinversión en sectores políticamente elegidos.

Aquí los indicadores deberían incluir mecanismos independientes de verificación, datos abiertos y señales cualitativas desde territorios y ciudadanía.


Estados federales o descentralizados

Países como España, Alemania, India, Brasil o Estados Unidos tienen múltiples niveles de gobierno. En estos casos, un indicador nacional puede ocultar diferencias territoriales profundas.

Por ejemplo:

  • buena media nacional de salud, pero regiones con colapso sanitario;
  • buena transición energética agregada, pero territorios sacrificados;
  • crecimiento nacional con despoblación regional;
  • bajo desempleo nacional con precariedad juvenil localizada.

Aquí la clave sistémica es usar indicadores anidados:

municipio → región → Estado → bloque regional → sistema global.


Estados rentistas o dependientes de recursos naturales

En países petroleros, gasistas, mineros o dependientes de commodities, el PIB puede crecer mientras se destruye capital natural, se concentra poder y se debilita la diversificación productiva.

Los indicadores del bien común deberían medir:

  • agotamiento de recursos;
  • dependencia fiscal de rentas extractivas;
  • diversificación industrial;
  • distribución intergeneracional;
  • corrupción;
  • impacto territorial;
  • soberanía tecnológica;
  • vulnerabilidad climática.

Aquí el indicador clave no es solo “crecimiento”, sino:

¿el país está convirtiendo renta natural finita en capacidades sociales, tecnológicas e institucionales duraderas?


Estados frágiles o de baja capacidad

En estos casos, un marco sofisticado puede ser contraproducente. Puede convertirse en una herramienta de donantes internacionales, consultoras y élites administrativas, sin mejorar la vida real.

Aquí los indicadores deberían ser pocos, robustos y verificables:

  • nutrición;
  • agua;
  • electricidad;
  • seguridad física;
  • salud primaria;
  • escolarización efectiva;
  • precios básicos;
  • capacidad fiscal;
  • corrupción;
  • deuda;
  • resiliencia alimentaria.

Conclusión sistémica:En países frágiles, el primer bien común es la capacidad estatal mínima para sostener funciones básicas.


 Sin instituciones supranacionales vinculantes: ¿qué queda?

Queda una gobernanza débil, pero no inexistente.

Los ODS de Naciones Unidas son un buen ejemplo: no son jurídicamente vinculantes, aunque se espera que los gobiernos los incorporen en marcos nacionales. Los países presentan Revisiones Nacionales Voluntarias para mostrar avances y aprendizajes, pero no existe una autoridad global fuerte que castigue incumplimientos de forma sistemática.

Por tanto, sin nuevo Bretton Woods, los indicadores del bien común funcionarían mediante cinco mecanismos:

1. Reputación

Rankings, informes comparativos, revisiones por pares, presión científica, medios y sociedad civil.

2. Financiación

Bancos públicos, bancos multilaterales, fondos climáticos, bonos sostenibles y agencias de desarrollo pueden condicionar crédito a indicadores de transición, igualdad o resiliencia.

3. Acceso a mercados

Bloques como la UE pueden usar estándares ambientales, laborales o de trazabilidad como condición de entrada.

4. Clubes de países

Alianzas voluntarias entre países con objetivos similares: hidrógeno verde, minerales críticos, fiscalidad corporativa, transición energética, salud pública, inteligencia artificial.

5. Normas privadas y sectoriales

Empresas, aseguradoras, fondos soberanos, certificadoras y cadenas de suministro pueden imponer métricas, aunque esto abre riesgos de captura privada.


6. El riesgo geopolítico: indicadores como poder

Un experto sistémico advertiría que los indicadores del bien común también pueden convertirse en instrumentos de poder.

Quién define el indicador define parcialmente la realidad legítima.

Ejemplos:

  • Si el Norte Global define “sostenibilidad” sin incluir deuda histórica climática, el indicador será injusto.
  • Si se mide solo emisión territorial, se oculta la emisión incorporada en importaciones.
  • Si se exige transición verde sin transferencia tecnológica, se penaliza al Sur Global.
  • Si se mide gobernanza con criterios occidentales rígidos, se puede ignorar capacidad estatal real.
  • Si China, EE. UU. o la UE crean estándares incompatibles, los indicadores pueden fragmentar el comercio mundial.

Aquí aparece una tensión central:

Los indicadores del bien común pueden servir para democratizar la economía global o para crear nuevas formas de jerarquía geoeconómica.


7. Análisis RMS

Recursos

Los indicadores del bien común necesitan recursos que no son solo técnicos:

  • datos fiables;
  • institutos estadísticos independientes;
  • confianza institucional;
  • capacidad fiscal;
  • administración pública competente;
  • ciencia abierta;
  • sociedad civil;
  • sistemas judiciales;
  • soberanía digital;
  • acceso a financiación.

Sin esos recursos, el indicador es decoración.


Mecanismos

Los mecanismos que convierten indicadores en acción son:

  • presupuestos orientados a misión;
  • condicionalidad pública;
  • contratación pública estratégica;
  • fiscalidad verde y progresiva;
  • bancos públicos de inversión;
  • auditorías independientes;
  • evaluación ciudadana;
  • modelos de escenarios;
  • comparación internacional;
  • sanciones reputacionales;
  • incentivos financieros.

El indicador no cambia nada si no está conectado a un mecanismo de decisión.


Sistemas

El sistema global real no sería un gobierno mundial del bien común. Sería más bien una arquitectura fragmentada:

  • ODS no vinculantes;
  • acuerdos climáticos imperfectos;
  • bloques comerciales;
  • bancos multilaterales;
  • ciudades globales;
  • agencias estadísticas;
  • fondos soberanos;
  • reguladores financieros;
  • empresas transnacionales;
  • sociedad civil;
  • redes científicas.

Por eso, la estrategia viable es policéntrica: muchos nodos, reglas parcialmente compatibles y aprendizaje continuo.


8. Pensamiento sistémico: bucles principales

Bucle virtuoso

Indicadores bien diseñados → mejor información pública → mejores decisiones → mayor confianza → mayor cumplimiento → mejores resultados → más legitimidad del sistema.

Bucle vicioso

Indicadores impuestos externamente → rechazo político → manipulación de datos → pérdida de confianza → polarización → incumplimiento → descrédito del bien común.

Bucle de captura

Indicadores complejos → dependencia de consultoras y certificadoras → captura técnica → pérdida de control democrático → indicadores al servicio de élites.

Bucle geopolítico

Estándares verdes del Norte → costes de adaptación para el Sur → acusaciones de proteccionismo → fragmentación comercial → menor cooperación climática.

Bucle de aprendizaje policéntrico

Experimentos locales → comparación entre territorios → difusión de buenas prácticas → adaptación nacional → cooperación entre países → mejora gradual sin autoridad mundial.


9 Qué arquitectura de indicadores tendría más sentido

Un enfoque sistémico evitaría un índice único y propondría tres capas.

Capa 1: mínimos universales

Pocos indicadores comparables globalmente:

  • esperanza de vida saludable;
  • pobreza material;
  • acceso a agua, energía, vivienda y alimentación;
  • emisiones absolutas y per cápita;
  • huella material;
  • desigualdad de renta y riqueza;
  • calidad institucional;
  • deuda y vulnerabilidad externa;
  • educación efectiva;
  • seguridad física.

Capa 2: indicadores adaptados al país

Cada país añade métricas según su arquitectura:

  • España: vivienda, agua, dependencia energética, cohesión territorial, productividad, envejecimiento.
  • China: deuda local, empleo juvenil, innovación, desigualdad rural-urbana, seguridad energética.
  • India: agua, empleo informal, contaminación, urbanización, infraestructura básica.
  • países petroleros: diversificación, agotamiento de recursos, empleo nacional, transición post-fósil.
  • países africanos: electrificación, soberanía alimentaria, deuda, industrialización, adaptación climática.

Capa 3: indicadores de responsabilidad global

Para evitar hipocresía nacional:

  • emisiones importadas;
  • huella material importada;
  • minerales críticos;
  • condiciones laborales en cadenas de suministro;
  • transferencia tecnológica;
  • financiación climática;
  • evasión fiscal internacional;
  • contribución a bienes públicos globales.

10 Riesgos y críticas

El enfoque tiene riesgos reales:

  • puede convertirse en retórica sin indicadores vinculantes;
  • puede justificar intervencionismo ineficiente;
  • requiere Estados capaces, no solo Estados grandes;
  • puede ser capturado por empresas subvencionadas;
  • medir “bien común” puede volverse tecnocrático si no hay participación ciudadana;
  • diferentes países no comparten la misma definición de justicia o solidaridad global.

La solución no es abandonar el enfoque, sino hacerlo operativo, auditable y democrático.


11. Cambiar el sistema de métricas versus diseñar buenos incentivos dentro de restricciones reales.

Tirole no parte tanto de “cambiar el paradigma económico” como de una pregunta más operacional:

¿Cómo diseñamos reglas, incentivos, mercados e instituciones para que individuos, empresas y Estados actúen de forma compatible con el interés general?

Tirole recibió el Nobel de Economía en 2014 por su análisis del poder de mercado y la regulación, lo cual explica mucho su enfoque: su preocupación central es cómo regular actores con poder, información privilegiada o incentivos desalineados.


Mazzucato vs. Tirole

Mazzucato / economía de misiones

Mazzucato diría:El bien común exige redefinir qué entendemos por valor, orientar la economía mediante misiones públicas y reconstruir la capacidad del Estado.

Su foco está en:

  • dirección pública de la inversión;
  • creación colectiva de valor;
  • condicionalidad pública;
  • misiones intersectoriales;
  • transición energética;
  • justicia social;
  • nuevos indicadores más allá del PIB.

Es una tesis más macro-institucional y transformadora.


Tirole / economía del bien común

Tirole diría algo más prudente:El bien común no se consigue con buenas intenciones, sino con instituciones que alineen los incentivos privados con los objetivos sociales.

Su foco está en:

  • fallos de mercado;
  • fallos del Estado;
  • incentivos;
  • regulación;
  • competencia;
  • información asimétrica;
  • captura regulatoria;
  • externalidades;
  • diseño institucional.

Su libro La economía del bien común trata precisamente de acercar la teoría económica al debate público y cubre temas como Estado, empresa, finanzas, digitalización, innovación, empleo, clima y Europa.


La tesis más pragmática de Tirole

Para Tirole, el problema no es “mercado o Estado”. Es qué combinación de mercado, Estado, regulación e incentivos produce mejores resultados sociales.

Una reseña sintetiza bien su postura: Tirole rechaza tanto la supremacía del mercado como la supremacía del Estado; la economía debe estar al servicio del bien común.

Esto es clave.

Tirole no es neoliberal puro ni estatista. Su posición sería:

Los mercados son útiles, pero fallan. El Estado es necesario, pero también falla. La tarea de la economía es diseñar instituciones que reduzcan ambos tipos de fallo.


Comparación directa

TemaMazzucato / misionesTirole / bien común pragmático
Papel del EstadoCreador y moldeador de mercadosRegulador, corrector y diseñador de incentivos
Problema centralFalta de dirección pública y captura privada del valorFallos de mercado, información, incentivos y poder
Bien comúnProyecto político-económico colectivoResultado de reglas que alinean intereses
IndicadoresNuevas métricas de valor públicoMétricas útiles si mejoran decisiones e incentivos
Riesgo principalEstado débil o capturado por empresasIntervención mal diseñada o capturada
MétodoMisiones, inversión pública, condicionalidadRegulación, competencia, impuestos, contratos
EstiloTransformadorPragmático-institucional
Teoría baseEconomía política, innovación, valor públicoOrganización industrial, teoría de juegos, teoría de incentivos

Qué diría Tirole sobre los indicadores del bien común

Tirole probablemente no rechazaría los indicadores de justicia, igualdad, sostenibilidad o solidaridad global. Pero haría varias advertencias.

A. Un indicador no basta si no cambia incentivos

Para Tirole, medir desigualdad, emisiones o bienestar es útil solo si esos datos se conectan con mecanismos reales:

  • impuestos;
  • precios;
  • regulación;
  • subsidios;
  • contratos públicos;
  • competencia;
  • sanciones;
  • transparencia;
  • responsabilidad institucional.

Diría algo así:Un indicador sin mecanismo de acción es información decorativa.

Por ejemplo, medir emisiones no reduce emisiones. Lo que cambia conductas es poner precio al carbono, regular tecnologías contaminantes, subvencionar innovación limpia o imponer estándares verificables.


B. Cuidado con los indicadores morales demasiado vagos

Tirole sería escéptico ante términos como “bien común”, “justicia” o “solidaridad” si no se traducen en variables operativas.

No porque sean irrelevantes, sino porque pueden volverse:

  • retórica política;
  • señalización moral;
  • burocracia;
  • captura por grupos de interés;
  • indicadores manipulables;
  • objetivos imposibles de comparar.

Desde su perspectiva, cada indicador debe responder a preguntas concretas:

  • ¿qué fallo corrige?
  • ¿qué incentivo modifica?
  • ¿quién lo mide?
  • ¿quién puede manipularlo?
  • ¿qué coste tiene cumplirlo?
  • ¿qué efectos secundarios genera?
  • ¿qué trade-off implica?

C. El bien común requiere compatibilidad de incentivos

Esta es quizá la gran diferencia con enfoques más normativos.

Mazzucato pregunta:¿Qué economía queremos construir?

Tirole pregunta:

Dado que los actores tienen intereses propios, ¿qué reglas hacen que actuar en beneficio propio produzca resultados socialmente deseables?

Esto es mucho más cercano a la teoría económica convencional: teoría de juegos, principal-agente, diseño de mecanismos, economía pública y organización industrial.

 Aplicación al clima: el ejemplo más claro

En clima, un enfoque de misiones puede decir:Necesitamos una misión de transición energética justa.

Tirole diría:

Sí, pero sin un precio al carbono, los incentivos básicos siguen mal alineados.

Tirole ha defendido la importancia de un precio único o común del carbono para internalizar el coste social de las emisiones y evitar el problema del free rider.

Aquí se ve perfectamente su pragmatismo:

  • no basta con declarar objetivos verdes;
  • no basta con medir sostenibilidad;
  • hay que hacer que contaminar sea económicamente costoso;
  • hay que evitar que unos países asuman costes mientras otros se benefician gratis;
  • hay que diseñar reglas creíbles y estables.

 Tirole ante un mundo sin nuevo Bretton Woods

Esta comparación conecta directamente con tu pregunta anterior.

Mazzucato o Raworth pueden proponer nuevos marcos globales de valor. 

Pero Tirole preguntaría:

¿Quién los hará cumplir?

En un mundo sin institución supranacional fuerte, Tirole sería más realista: el bien común global no puede depender solo de acuerdos voluntarios o declaraciones. Necesita mecanismos que reduzcan el incentivo a incumplir.

En clima, por ejemplo, el problema es que cada país tiene incentivos para beneficiarse de los esfuerzos ajenos sin pagar el coste completo. Eso es un problema clásico de bien público global.

La solución tirolesa sería menos “gran pacto moral” y más:

  • precios comunes;
  • clubes climáticos;
  • sanciones comerciales;
  • mecanismos de verificación;
  • transferencias condicionadas;
  • acuerdos sectoriales;
  • contratos creíbles;
  • penalización del free rider.

Es decir: instituciones que hagan racional cooperar.


RMS comparado

Mazzucato / enfoque transformador

Recursos

  • Estado emprendedor;
  • inversión pública;
  • ciencia;
  • tecnología;
  • legitimidad democrática;
  • capacidad fiscal;
  • infraestructuras verdes;
  • instituciones orientadas a misión.

Mecanismos

  • misiones;
  • condicionalidades;
  • bancos públicos;
  • contratación pública estratégica;
  • indicadores de valor público;
  • alianzas público-privadas.

Sistema

Un sistema económico redirigido hacia justicia, igualdad, sostenibilidad y solidaridad global.


Tirole / enfoque pragmático

Recursos

  • información fiable;
  • reguladores competentes;
  • competencia;
  • precios correctos;
  • contratos bien diseñados;
  • instituciones independientes;
  • mercados regulados;
  • incentivos alineados.

Mecanismos

  • regulación sectorial;
  • impuestos pigouvianos;
  • política de competencia;
  • subastas;
  • contratos públicos;
  • supervisión financiera;
  • reglas anti-captura;
  • diseño de mercados;
  • sanciones creíbles.

Sistema

Un capitalismo regulado donde mercado y Estado se corrigen mutuamente.


Pensamiento sistémico comparado

Mazzucato mira el sistema desde la dirección

Su pregunta sistémica sería:¿Hacia dónde está orientado el sistema económico?

Por eso habla de misiones: clima, salud, agua, energía, vivienda, seguridad alimentaria.

Su riesgo: puede subestimar los problemas de implementación, captura, burocracia o información dispersa.


Tirole mira el sistema desde los incentivos

Su pregunta sistémica sería:¿Qué comportamientos produce esta arquitectura de reglas?

Por eso estudia monopolios, plataformas, bancos, reguladores, políticos, empresas y consumidores.

Su riesgo: puede quedarse demasiado cerca de la reparación institucional y no cuestionar suficientemente el objetivo profundo del sistema.


Diferencia en la idea de “valor”

Aquí está el punto filosófico central.

Para Mazzucato

El valor es creado colectivamente y debe repartirse de forma justa. Por tanto, hay que redefinir quién crea valor y quién lo captura.

Para Tirole

El valor social aparece cuando las instituciones corrigen las distorsiones entre beneficio privado y bienestar colectivo.

Ejemplo:

  • una empresa puede obtener beneficios contaminando;
  • eso no es valor social, porque traslada costes a otros;
  • el regulador debe corregir esa externalidad;
  • entonces el beneficio privado se acerca más al valor social real.

Tirole no necesita una teoría amplia del “valor público”. Le basta con identificar fallos concretos y corregirlos mediante incentivos.


Qué aportaría Tirole al debate sobre indicadores del bien común

Tirole haría el debate más duro, más técnico y más realista.

Diría que los indicadores deben cumplir cinco condiciones:

1. Ser accionables

No medir todo. Medir aquello que permite decidir.

2. Ser resistentes a manipulación

Si el indicador se convierte en objetivo político, será manipulado.

3. Estar vinculados a incentivos

Un indicador debe activar impuestos, inversión, regulación, sanciones o cambios presupuestarios.

4. Reconocer trade-offs

No hay bien común sin costes. Más igualdad, más transición verde o más seguridad energética pueden implicar sacrificios distributivos.

5. Separar objetivos políticos de instrumentos económicos

La sociedad elige fines. La economía ayuda a elegir medios eficientes.

Esta última idea es muy tirolesa: los economistas no deben sustituir a la democracia, pero sí deben explicar consecuencias, costes, incentivos y efectos no deseados.


Crítica de Tirole a una economía del bien común demasiado idealista

Desde Tirole, una economía del bien común basada solo en justicia, igualdad, sostenibilidad y solidaridad puede fallar si no responde a estas preguntas:

  • ¿quién decide qué es justo?
  • ¿cómo evitamos la captura por lobbies?
  • ¿qué pasa si los indicadores chocan entre sí?
  • ¿cómo se financia?
  • ¿qué incentivos tienen empresas y ciudadanos?
  • ¿qué ocurre si otros países no cooperan?
  • ¿cómo se castiga el incumplimiento?
  • ¿cómo evitamos que el Estado sea juez y parte?
  • ¿qué información tiene realmente el regulador?

Su crítica no sería moral, sino institucional:El bien común no fracasa por falta de buenos valores; fracasa cuando las reglas permiten comportamientos oportunistas.


Crítica desde Mazzucato a Tirole

A la inversa, Mazzucato podría decir que Tirole es demasiado limitado.

Le criticaría que:

  • acepta demasiado el marco de “fallos de mercado”;
  • ve al Estado más como corrector que como creador;
  • privilegia eficiencia sobre transformación;
  • no aborda suficientemente poder geopolítico, industrial y tecnológico;
  • confía demasiado en mecanismos de precios;
  • puede infravalorar la capacidad pública de orientar mercados.

Desde Mazzucato, el problema no es solo que el mercado falle. Es que el mercado no sabe por sí solo qué futuro construir.


Síntesis útil: combinar ambos enfoques

La mejor estrategia no sería elegir entre Mazzucato y Tirole, sino combinarlos.

Mazzucato aporta dirección

  • misiones;
  • visión de largo plazo;
  • valor público;
  • transformación industrial;
  • inversión estratégica;
  • nuevos indicadores.

Tirole aporta disciplina

  • incentivos;
  • regulación;
  • competencia;
  • control de captura;
  • evaluación de costes;
  • diseño institucional;
  • credibilidad.

La fórmula sería:Mazzucato define la misión; Tirole diseña los incentivos para que la misión no se convierta en retórica, despilfarro o captura.


Conclusión

El paso clave es este: Del PIB como brújula única → a un sistema de indicadores que mida capacidad colectiva, resiliencia, justicia distributiva, sostenibilidad ecológica y responsabilidad global.

En términos RMS: el bien común se convierte en un recurso estratégico, activado por mecanismos institucionales y protegido por sistemas de medición, financiación y gobernanza.

-Los expertos sistémicos dirían:

En un mundo sin autoridad supranacional vinculante, los indicadores del bien común no pueden funcionar como ley global. Deben funcionar como lenguaje común, sistema de aprendizaje, mecanismo de comparación, infraestructura de confianza y herramienta de coordinación policéntrica.

-Pero también advertirían:

Si esos indicadores no incorporan poder, contexto, desigualdad, historia, umbrales ecológicos y riesgo de manipulación, pueden convertirse en una nueva forma de tecnocracia global o de proteccionismo moral del Norte Global.

Tirole haría una advertencia fundamental al debate sobre indicadores del bien común:

No basta con medir lo correcto. Hay que conseguir que los actores tengan incentivos para actuar correctamente.

Su visión es menos épica que la de Mazzucato, pero más operativa. Donde la economía de misiones habla de transformar el sistema, Tirole pregunta cómo evitar que ese sistema transformador sea capturado, manipulado o mal diseñado.

En términos RMS:

Mazzucato piensa el bien común como dirección estratégica del sistema.
Tirole lo piensa como arquitectura de incentivos compatible con el interés general

Una economía del bien común viable requiere mínimos globales compartidos, adaptación a cada arquitectura nacional, gobernanza policéntrica, auditoría independiente, deliberación democrática e incentivos que alineen el interés privado con objetivos públicos, conectando los indicadores con presupuestos, finanzas, regulación y política industrial.

La fórmula más sólida sería:

Mínimos globales comunes + adaptación nacional + gobernanza policéntrica + auditoría independiente + deliberación democrática + incentivos bien diseñados + conexión vinculante con presupuestos, finanzas, regulación y política industria

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